En muchas ocasiones se confunden los conceptos “tener objetivos” y “trabajar por objetivos”. En general, todas las compañías “tienen objetivos”, pero esto no significa que trabajen para lograrlos. Fijar metas es una de las formas más habituales de incentivar a los empleados para aumentar un mantener la producción. Sin embargo, no siempre se consigue lo que se busca, e incluso es posible que el efecto sea negativo para trabajadores, ya que este tipo de metas evidentemente repercuten en la labor diaria.
Como renumeración por llegar a los objetivos pueden establecerse una multitud variada de beneficios, ya sean económicos o sociales. Lo más habitual es incrementar el salario, pero también podría aplicarse una reducción puntual del horario de trabajo, regalos de empresa, cheques descuento…. Las posibilidades son casi infinitas, sólo hace falta ponerle imaginación. Además, dado que en cada empresa las circunstancias son diferentes y los beneficios pueden ser negociados con los trabajadores.
Para que se cumplan los objetivos, es imprescindible motivar adecuadamente al trabajador y para conseguirlo el premio debe ser algo tangible, porque de otra forma, la motivación desaparece. Para cumplir los objetivos a corto plazo, como lo son los mensuales, es necesario que sean adecuados, que se puedan cumplir. Unos objetivos inalcanzables lo único que logra en el empleado es desgana, se trabaja, si, pero sabiendo que no se va a llegar.
Por otro lado, hay dos formas cuantificar si se llega o no a los objetivos marcados, hacerlo de forma individual, cada cual se organiza y busca sus motivaciones para llegar los objetivos; o de forma grupal, de tal forma que el objetivo se logra, si a él llegan todos los integrantes del equipo. En la primera forma todo es más simple, al ser individual. Pero con la segunda se puede crear un ambiente de trabajo hostil, ya que si a alguno de los integrantes de equipo le da igual no llegar a los objetivos, o no puede llegar por lo que sea, el resto no se llevará los beneficios aunque hayan trabajado más que nunca.
Para que los objetivos mensuales que la empresa impone sean fácilmente visualizados y controlados de forma periódica deberán dividirse en semanales y diarios. Esto nos llevará a distribuir el trabajo de forma equitativa y equilibrada durante el período y acostumbrar así a los empleados a no correr contra reloj los últimos días.
Pero para saber qué tipo de objetivos hay que marcar, debemos tener en cuenta aspectos variados. Deben establecerse objetivos generales, pero siempre y cuando éstos sirvan de referencia para establecer objetivos específicos. Es necesario establecer objetivos para la empresa en general, para cada departamento, y para cada equipo.
Los objetivos no deben ser estáticos, se debe tener la suficiente flexibilidad como para poder adaptarlos a los cambios inesperados que puedan ocurrir. Siempre se deben establecer prioridades, cumpliendo los objetivos en orden de importancia o urgencia. Los objetivos deben ser conocidos por todos los niveles de la empresa, y siempre deben hacerse recordar permanentemente.
Por último y a modo de resumen, los objetivos deben ser específicos, medibles, realizables, realistas y limitados en tiempo.
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