A la hora de buscar financiación existen diferentes alternativas, como ya hemos visto en anteriores artículos. Las más comunes para acometer grandes proyectos son los bancos y entidades financieras, el capital riesgo o los llamados business angles. Sin embargo, no siempre van a ser necesarias importantes cantidades de capital. De hecho, en más de una ocasión lo que hará falta son pequeñas cantidades pero de forma más o menos inmediata.
Las necesidades de capital dependerán de la gestión de los flujos de caja que realice la empresa (algo que puede controlar el emprendedor), pero también de lo buenos pagadores que sean sus clientes (no siempre se puede controlar). Es relativamente común que la demora de un cliente en hacer frente a sus obligaciones deje a la empresa ‘al descubierto’ o simplemente que sea necesario una determinada cantidad para poder presentarse a un concurso o desarrollar un proyecto concreto. El problema es que cuando el dinero se necesita con urgencia las alternativas para conseguirlo se reducen.
Llegados a este punto, los organismos oficiales quedan complemente descartados, al igual que otras opciones como compañías de capital riesgo y en menor medida Business Angels. Las apuestas más seguras son bancos y tarjetas de crédito. El problema es que nos enfrentamos a préstamos en condiciones no demasiado ventajosas y en el caso de las tarjetas con un saldo limitado e intereses muy elevados. Además, las entidades financieras también necesitan un periodo para tomar su decisión.
La otra alternativa para el emprendedor es acudir a familiares, amigos, conocidos y a particulares en general. Se trata de una opción no demasiado extendida pero que tampoco se debe obviar. Se trataría de formalizar un préstamo del particular a la empresa con unas condiciones ventajosas para ambas partes. Este modelo de negocio es que sigue Comunitae, empresa pionera en préstamos entre particulares en España. Por una parte la empresa (o particular) se beneficia de unas condiciones de préstamo mejores que las del mercado, mientras que el prestamista recibe a cambio unos intereses mayores que los que le daría por ejemplo un depósito bancario.
Evidentemente no siempre será fácil encontrar a un particular con la cantidad de dinero que necesitamos y que además esté dispuesto a prestárnoslo, pero tampoco es imposible. Aunque pueda parecer un tanto insensible, los ‘recién parados’ son un buen objetivo, ya que en principio disponen del dinero del finiquito y si el plazo del préstamo no es demasiado largo (esto suele ser condición sin e qua non en casi todos los casos) podemos captar su atención.
En las condiciones actuales, un interés del 6-7% por un préstamo a uno o dos meses sería más que suficiente y en cualquier caso superior al mejor de los depósitos a corto plazo del mercado. Si finalmente nos decantamos por esta opción conviene dejarlo todo atado y conveniente reflejado en un documento por escrito para evitar problemas posteriores.
Imagen – Rexroof
Sin Comentarios para este artículo